Tus ventas, tu banco y tus planillas ya tienen la respuesta, cada una por su lado. Las cruzo sin sumar un sistema ni una licencia.
Hablemos por WhatsAppPrimera conversación de 30 minutos, sin costo.
El informe llega el día 30 y describe un mes que ya no se puede cambiar. Las decisiones que lo habrían salvado (el proveedor, el turno, el precio) había que tomarlas el día 12, y ese día nadie tenía el dato.
Un tablero necesita datos que ya existan. Si tu negocio todavía no mide nada, lo primero no es un tablero: es instalar el primer contador. Hay tres lugares donde se puede instalar, y el tuyo depende de lo que ya tengas.
Tu sitio con la medición adentro. Cuántos te buscaron, cuántos preguntaron y por dónde llegaron.
Tus próximas trece semanas de caja, con lo que dice tu banco y lo que ya declaraste al SII. Cuánta plata vas a tener, y cuándo se aprieta.
Todo lo de adentro en una pantalla, al día solo, con aviso el mismo día cuando algo se sale de rango.
No son tres tamaños del mismo producto ni tres precios de lo mismo: son tres puntos distintos del negocio. Se puede tener uno, dos o los tres, y casi nadie empieza por el tercero.
Las tres objeciones son razonables, y por eso conviene sacarlas de la mesa antes de seguir.
Tus indicadores en una pantalla, al día solos. Qué se vende, qué deja margen de verdad, quién te debe y hace cuánto.
Cuando un número se sale del rango que tú definiste, te aviso por WhatsApp el mismo día. No tienes que acordarte de entrar a mirar.
«¿Cómo vamos este mes?», escrito en castellano, y el tablero contesta. Es lo que estoy construyendo ahora; no entra en el precio de hoy.
El delta es la diferencia entre lo que debería estar pasando y lo que está pasando.
Es lo único que hay que mirar todos los días. Todo lo demás es ruido, y el ruido es la razón por la que nadie abre el informe. De ahí salen las tres fases, y van en ese orden porque no funcionan en otro.
Que el número exista y llegue solo, sin que nadie lo arme a mano. Es la fase que casi nadie tiene resuelta, y sin ella las otras dos son conversación.
Un umbral por indicador, puesto por ti. Cuando el número lo cruza, te aviso el mismo día. No a fin de mes, cuando ya no se puede hacer nada.
Cada desvío que se repite deja de ser una alerta y se convierte en un proyecto con fecha y presupuesto. Es la fase que puede no llegar nunca, y está bien.
El modelo es el mismo en los tres puntos de la escalera. Lo que cambia es qué se mide: quién toca la puerta, qué pasa por el mostrador, o todo lo que ocurre adentro.
Lo que se personaliza es la configuración, no el programa. El motor ya está construido y probado; lo que cambia de un cliente a otro son sus indicadores y sus umbrales.
Se define el alcance y los cinco indicadores que mandan en tu negocio.
El tablero base, ya con tus datos reales adentro. No una maqueta.
Umbrales calibrados, el aviso funcionando y tu equipo usándolo.
Un consultor te entrega un documento, lo presenta en una reunión y se va. El documento describe tu negocio; el lunes siguiente tu negocio funciona exactamente igual que el viernes.
Acá el documento no es el producto. El producto es la cosa que queda instalada y funcionando cuando yo no estoy: una pantalla que se actualiza sola, una hoja que llega el día 5, una página que anota quién pasó. Lo que se paga es que exista y siga andando, no las horas que me tomó.
Y cuando lo que tu negocio necesita todavía no existe, se construye: el proceso que hoy hace alguien a mano, la lista que se lleva en un cuaderno, el trámite que se repite todas las semanas. Eso es Los proyectos, y aparece cuando hace falta.
Si lo que te dejo no lo puedes abrir y usar sin llamarme, no está terminado.
No son tres servicios: son tres momentos del mismo. Se empieza por el primero y el tercero puede no aparecer nunca.
Dos semanas mirando tu operación real. Sale con el mapa de tu madurez digital y los cinco números que mandan. Y si hay plata que se está quedando sin cobrar, aparece ahí.
Se descuenta completo de la implementación si sigues adelante.
El tablero andando, los umbrales calibrados y el aviso funcionando. Implementación desde $1.150.000, en 21 días.
Sin permanencia. Se cancela cuando quieras.
Cada punto donde el tablero muestra que se puede mover el resultado se convierte en un proyecto aparte: cobranza que se hace a mano, clientes sin seguimiento, un proceso que se repite dos veces.
Por proyecto, con presupuesto propio y fecha.
Esto no reemplaza ni a un analista con contrato ni a un servicio de control de gestión: les pone los números al día. Precios netos, y el definitivo se cierra en la primera conversación con el alcance por escrito.
Si al mes no lo estás usando,
no sigue pagando.
Sin contrato de permanencia. Se cancela cuando quieras.
Sin pedirle un informe a nadie y sin esperar a fin de mes.
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